jueves, junio 07, 2007
- (Soy tu fan)
Por Antonio Giossa (antonio.giossa@hotmail.com)
Montevideo - Uruguay
Fanáticos. Fanáticos por el fúbol, capaces de una y mil cábalas antes de un partido. Fanáticos por la religión, capaces de inmolarse en un autobús lleno de inocentes. Fanáticos por la guerra, capaces de invadir países al otro lado del planeta. Fanáticos por la web. Fanáticos por el juego. Fanáticos por los autos. Fanáticos. Fanáticos. Fanáticos.
La palabra fanático deriva de fanum, el lugar sagrado o templo. El fanático tiene un fanatismo tal, que lo lleva a creer que su creencia, y sólo la suya, es sagrada, única, irrepetible.
Los pocos asambleístas que siguen al frente a la lucha de la Asamblea Ciudadana de Gualeguaychú describen con sus acciones, con sus inacciones y con sus discursos al típico fanático, al iluminado que cree que todos los medios son válidos para que SU verdad sea la que impere.
Eric Hoffer (autor de "El Verdadero Creyente") describía a los fanáticos con un párrafo que encaja perfectamente con los asambleístas:
"Sentirse en posesión de una verdad que es única y no tener ninguna duda de su exactitud, sentir que es empujado por un misterioso poder que puede ser Dios, el Destino, la Ley o la Historia, estar convencido de que sus oponentes son la encarnación del mal y deben ser aplastados"
100% de coincidencia con el pensamiento de muchos de los asambleístas, ¿no? Un interesante movimiento que nació con un legítimo pedido de más información, de más conocimiento, de más explicaciones, terminó decantando en una pequeña secta autoreferencial, cerrada, olvidada, dejada de lado. Patético el ejemplo de José Gómez, Oscar Bargas y Gustavo Rivollier, en pleno Día Mundial del Medio Ambiente, tocando una apocalíptica campana una y otra vez, sólo para juntar, en pleno Gualeguaychú, a menos de 150 curiosos.
Los asambleístas, como toda secta, tienen a sus líderes. Los mesiánicos, iluminados, propietarios de la Unica Verdad. Normalmente, estos personajes son - según los psicólogos - paranoicos expansivos. Según Pepe Rodriguez, los líderes de las sectas "tienen la particularidad de estar sometidos a tendencias impulsivas sadomasoquistas que utilizan para evadirse de la angustiosa sensación de aislamiento, insignificancia e impotencia que los atenaza".
¿Y el resto? ¿Esa pequeña masa anónima que no es lo suficientemente agresiva ni violenta como para ser tomada en cuenta por los medios de prensa? Fanáticos que odian la realidad, porque es la única cura a su enfermedad. Sólo su fé en "la lucha", en "vamos a lograr nuestro objetivo", es el motor que los mantiene firmes, a pesar que la realidad los golpea tan duro como un camión con acoplado yendo a 150 km. por hora.
Cuenta la historia que un día, hace muchos años, un obispo le preguntó a un carbonero de la localidad de Avila sobre su fé. Y se entabló el siguiente diálogo:
—¿Tú en qué crees?.
—En lo que cree la Santa Iglesia.
—¿Y qué cree la Iglesia?.
—Lo que yo creo.
—Pero ¿qué crees tú?.
—Lo que cree la Iglesia
Este fanatismo, muy propio de los asambleístas (yo creo lo que dice la asamblea, y la asamblea cree que lo que yo digo), terminó sirviendo al propio Obispo, ya que poco tiempo después fue interceptado por el propio Satanás y, al no poder explicar como era su fé, terminó afirmando que su creencia era "Como el carbonero! Como el carbonero!".
Los asambleístas, como el obispo de la historia, tienen la "fé del carbonero", impermeable a cualquier interrogante, cuestionamiento o argumentación lógica. No les entran ni las balas, como se dice popularmente.
¿O si?
Algunas caras visibles de la ACAG se han mantenido a lo largo de todos estos años. Pero son las menos. La mayor parte de los asambleístas son nuevos y, según ellos mismos, es porque "la formación de la asamblea va rotando". La realidad es que los asambleístas aceptan por un tiempo el discurso "oficial", los argumentos "técnicos", las declaraciones apocalípticas. Pero, en un momento de su vida, se terminan enfrentando a la realidad. Y la realidad puede, y lo viene haciendo, destruir la pared de mentiras y falsedades que construyeron para mantener ese fanatismo.
Es por eso que se ven caras nuevas. Y cada vez son menos. Hoy por hoy, un simple puñado de fanáticos que fueron capaces de reunirse con el propio Jorge Busti, para "aunar esfuerzos" y "buscar estrategias en común".
El círculo se cerró. Otra vez, Jorge Busti y los asambleístas unidos en la lucha. Y otra vez, caigo en la cuenta que el nombre de este blog fue profético.
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martes, marzo 20, 2007
Cambia, todo cambia. Pero no cambia…
Por Antonio Giossa
Buenos Aires | Argentina
El candidato presidencial, en plena carrera electoral, había aceptado la invitación al almuerzo más importante del país. Repetir la hegemonía de su provincia natal, esta vez a nivel nacional, no iba a ser tarea fácil. “¿Se viene el zurdaje?”, descargó la Señora.
Todos, tanto los ciudadanos argentinos como los simples espectadores pasivos del exterior, vieron con interés y con optimismo la candidatura de Néstor Kirchner, un pingüino del sur que no dudaba en enfrentar a uno de los más corruptos presidentes que – por doblete – gobernó Argentina.
Carlos Menem ganó en primera vuelta, pero no se animó a una segunda vuelta con todo el abanico opositor enfrentándolo, encolumnado detrás del candidato Kirchner.
Salvo unos pocos políticos y periodistas, la inmensa mayoría estaba segura que - esta vez sí - el cambio económico, social y político sería una realidad. Ese cambio que ya se veía o intuía en varios países vecinos y que no dudaba en generar – con errores y desaciertos muchas veces – políticas a favor de la gente y en contra del corrupto sistema neoliberal que reinó durante los noventa.
El cambio económico llegó, subido a la cresta del ya mítico “granero del mundo”. El masivo cultivo de soja transgénica en cada rincón, desplazando otros rubros agrícola-ganaderos, permitió alcanzar récords de exportación, generando enormes ingresos a las arcas estatales. Entre Ríos, por ejemplo, ya cuenta con el 80% de su tierra cultivada con soja. La ganadería de esa provincia ha tenido que migrar a las islas del Paraná y hoy sufren la crecida del río, sin tierras aptas para migrar el ganado vacuno que, por falta de espacio disponible, se termina ahogando de a miles.
La inyección de ingentes sumas de dinero al Estado, lamentablemente, no generó un cambio social. Año tras año se anuncian récords en la masa de dinero que guarda, celosamente, el Banco Central. Las famosas reservas, intocables, a las que sólo se echan mano cuando es necesario “tocar” a un gobernador díscolo o a algún intendente que desea saltar la tranquera y convertirse en un “referente K” de su zona.
Y, por supuesto, el cambio político nunca llegó.
Carlos Menem I El Corrupto ya no reina en Argentina. Pero no está en la cárcel. Ni tampoco espera sentado un proceso penal. Espera sentado, en su sillón de senador nacional, viendo a sus ex genuflexos y ex fieles seguidores con un discurso combativo, pero con las mismas mañas que tenían en los noventa.
Ahora ya no está “bien visto” que un político o un sindicalista se ufane de sus mansiones, de sus autos deportivos o de sus viajes al Caribe. Es decir, no está “bien visto” que muestre su riqueza, pero a nadie le importa que la disfrute.
En Entre Ríos, en las elecciones del domingo pasado, se votó por el “cambio”. Esa frase se escucha principalmente en Gualeguaychú. Los periodistas de esa ciudad afirman una y otra vez que los ciudadanos buscaron un “cambio”.
¿Un cambio? La elección – tanto a nivel provincial como a nivel municipal - era entre justicialistas y justicialistas. Más aún. Entre kirchneristas y kirchneristas. De todas las opciones posibles, ganó la peor. Ahora, Jorge Busti está contento, ya que no sólo ganó Sergio Uribarri a nivel provincial (lo que es decir, casi una re-elección de Busti), sino que además logró conquistar una plaza codiciada desde hace tiempo: Gualeguaychú.
La misma ciudad que – decían – era firmemente opositora a Jorge Busti. La misma que – decían – no caía ni en el clientelismo político ni en los cantos de sirena del gobernador entrerriano.
Mientras Sergio Uribarri, acusado de reparto indiscriminado de subsidios desde hace años y de uso irregular de fondos públicos, será gobernador, en Gualeguaychú será intendente Juan José Bahillo, el candidato de Busti.
Las sorpresas no se vieron solo en Gualeguaychú. En Santa Elena, el actual intendente justicialista, Domingo Daniel Rossi, también ganó. Y por varios cuerpos. ¿El motivo de la sorpresa? El intendente Rossi fue condenado a prisión condicional e inhabilitación para ejercer cargos públicos, por delitos de corrupción.
¿Qué efectos tendrán las elecciones provinciales entrerrianas en Uruguay?
En primer lugar, todo cambió, para no cambiar nada. El discurso de los “nuevos” funcionarios públicos es similar al de los “anteriores”, pero con un guiño hacia el diálogo con Uruguay.
Y, en segundo lugar, una señal de alerta para los asambleístas que bloquean los accesos a Uruguay, que se vieron sorprendidos por el apoyo que recibió el gobernador Jorge Busti en esta ciudad. Un gobernador que, desde hace meses, viene dinamitando la estrategia de los asambleístas.
Muchas conclusiones se pueden sacar de todo esto. Muchas. Algunas de ellas positivas para nuestro Uruguay. Lamentablemente para nuestros vecinos, todas negativas para Entre Ríos.
14:10 Anotado en El medioevo entrerriano | Permalink | Comentarios (178) | Trackbacks (0) | Enviar a Email | Tags: Néstor Kirchner, Jorge Busti, Carlos Menem, Elecciones en Entre Ríos, Elecciones en Gualeguaychú, Sergio Uribarri, Juan José Bahillo










